La trombosis generalmente es tratable.
La trombosis se produce principalmente porque los vasos sanguíneos del paciente se dañan debido a ciertos factores y comienzan a romperse, lo que provoca la acumulación de una gran cantidad de plaquetas, obstruyéndolos. Para el tratamiento, se pueden utilizar fármacos antiagregantes plaquetarios, como la aspirina y el tirofibán. Estos fármacos desempeñan un papel principalmente local, ya que, bajo la influencia de enfermedades crónicas, las plaquetas se separan fácilmente junto con diversos desechos. Estos desechos se condensan en los vasos sanguíneos locales, causando trombos.
Si los síntomas del trombo son graves, se puede utilizar terapia intervencionista, que incluye principalmente trombólisis con catéter o aspiración mecánica de trombos. La trombosis ha causado un gran daño a los vasos sanguíneos y ciertas lesiones. Si no se puede resolver mediante terapia intervencionista, se requiere intervención quirúrgica para reconstruir el acceso cardiovascular y ayudar a restablecer la circulación sanguínea.
Existen muchas causas para la formación de trombos. Además de controlarlos, es necesario reforzar la prevención para evitar su formación en grandes cantidades.
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